Conductas agresivas en niños/as: más allá de la rabieta
¿Qué es una conducta agresiva y qué la causa?
Las conductas agresivas pueden aparecer en el transcurso de una rabieta y son diversas las causas que la pueden desencadenar como:
- Frustración
- Enfado o ira
- Incapacidad para comunicar lo que sienten o necesitan
- Tensión emocional
- Manipular y salirse con la suya
- Miedo
- Presencia de otras patologías como trastornos de aprendizaje o afectivos
Las edades con mayor número de rabietas y conductas agresivas son entre los 3 y 5 años y a medida que los pequeños van creciendo, deberían ir reduciéndose también este tipo de comportamientos dado que van adquiriendo habilidades comunicativas y sociales a la vez que aprenden estrategias para regularse y tener respuestas más adaptativas. El problema principal vendría si el patrón de agresividad se mantuviese a medida que el niño va creciendo, ya que podría ser predictivo de futuras patologías tras la infancia.
Consecuencias de la agresividad infantil:
Pautas ante las conductas agresivas en niños/as:
Las pautas para enfrentarnos a estas situaciones no solo van encaminadas a saber cómo actuar en el momento en sí de la agresión, sino también a crear un contexto favorable para que el niño no llegue a ella o reduzca su aparición. Consisten en:
- Tener empatía y paciencia: Aunque pueden ser situaciones desagradables que lleguen a acabar con nuestros nervios, es necesario validar las emociones de los peques y que sientan que los escuchamos e intentamos comprender, en una situación agresiva deben sentirnos como un apoyo y no como una amenaza.
- Establecer límites claros: son decisivos para las rabietas y este tipo de conductas ya que deben ser conscientes de las expectativas que tienen sobre sus acciones y las consecuencias de éstas. No hay que ceder en el caso de no respetarlos y debe haber un castigo más o menos inmediato.
- Fomentar la comunicación con los peques: es favorable para crear un clima donde se sientan seguros para expresar lo que sienten y es un factor positivo de cara a aliviar la tensión emocional que están detrás de algunas conductas agresivas.
- Mostrarle alternativas asertivas: Aunque sea imposible controlar todo el ambiente al que está expuesto, sí podemos ser un buen ejemplo cuando estamos con él, por lo que deberíamos evitar reacciones impulsivas, malas palabras y darle, desde la calma, una opción adaptativa como alternativa a la agresividad como por ejemplo que puede pedir un juego en vez de pegar para quitarlo.
- Refuerzo positivo: De igual manera que cuando lo hace mal tiene un castigo, cuando lo hace bien es primordial reconocérselo y no dar por hecho que es así como debe ser, porque el niño ha podido esforzarse mucho para regular sus emociones y usar una conducta más adaptativa y se merece que se le reconozca, además con ello nos aseguraremos de aumentar la frecuencia de sus comportamientos adecuados.
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