Asertividad, ¿qué es y para qué sirve?

Asertividad, ¿qué es y para qué sirve?

Como adultos hemos escuchado el término asertividad en múltiples ocasiones. En cambio, la mayoría de niños y niñas no conocen este concepto. Entonces, ¿en qué momento aprendemos su significado? Y lo más importante, ¿sabemos realmente qué significa y qué implica?

Para introducir la asertividad, primero mencionaremos los estilos comunicativos más básicos:

Por un lado tenemos el estilo pasivo, en el que se da más importancia a las necesidades de los demás que a las de uno mismo, por lo que es más difícil poder respetar y defender nuestros derechos. Un estilo pasivo puede implicar:

  • Decir “sí” a peticiones a las que queremos decir “no”.
  • No expresar que algo nos ha hecho sentir tristes o enfadados.
  • Hacer siempre lo que quieren los demás.

A menudo podemos tener la preocupación de hacer sentir mal a la gente o de evitar conflictos y situaciones desagradables, por lo que preferimos guardarnos la opinión o emoción para nosotros mismos.

Actuar siempre de manera pasiva puede implicar:

  • Poca sensación de control sobre lo que nos pasa
  • Impotencia, tristeza
  • Sensación de depender de los demás y/o de ser manipulado
  • Rabia hacia uno mismo…

Para ayudar a los más pequeños a entenderlo, podemos relacionar el estilo pasivo con un ratoncito que decide arrinconarse o hacerse pequeñito, bajar la mirada e intentar evitar los problemas.

Por otro lado, tenemos el estilo agresivo, caracterizado por anteponer nuestros derechos a los derechos de los demás. Puede que de entrada sintamos que conseguimos lo que deseamos, pero el estilo agresivo puede implicar:

  • Estar siempre a la defensiva
  • No tener en cuenta los sentimientos de los demás
  • Querer ganar o imponerse a tota costa
  • Manipular para que los demás hagan lo que uno quiere.
  • Sensación de ira
  • Ansiedad
  • Culpa y remordimientos
  • Dificultades en las relaciones
  • Frustración y círculos de agresividad

El estilo agresivo puede relacionarse con el león, que puede tener una mirada y una postura amenazantes, hablar enfadado o gritando e imponer su voluntad.

Entre estos dos estilos encontramos la asertividad, que consiste en la capacidad personal de expresar los sentimientos, emociones y/o pensamientos propios de forma libre y con seguridad, sin negar los derechos de los demás. Esto significa poder dar nuestra opinión sobre algún tema, compartir que algo nos ha hecho sentir ciertas emociones, mostrar desacuerdo… respetando siempre los derechos de los demás. Los beneficios de la comunicación asertiva yacen en decir lo que pensamos y sentimos y a la vez conseguir que los demás sepan que les escuchamos y les entendemos. Puede que a corto plazo recibamos algunas críticas, especialmente si la otra persona utiliza un estilo agresivo, incluso que nos digan que somos egoístas, pero a largo plazo sentiremos que estamos a gusto con nosotros mismos porque habremos actuado según nuestros principios y valores.

El animal que evoca la asertividad es el búho, que nos mira a la cara con sus grandes ojos y habla de forma firme y calmada.

La asertividad es una capacidad personal que puede desarrollarse desde la infancia si facilitamos las herramientas adecuadas. Algunos consejos para ello son:

  • Predicar con el ejemplo. Los niños y niñas son como esponjas, y si ven que sus referentes utilizan un estilo asertivo tendrán mucha más facilidad para aplicarlo ellos mismos.
  • Ayudarles a identificar los diferentes estilos comunicativos sin juzgarles. En este sentido podemos indicarles los momentos en los que creemos que han sido pasivos, agresivos o asertivos y remarcarles los indicadores que tenemos (tono de voz, posición corporal, contacto visual…). Es importante no hacerlo desde el reproche, sino intentando enseñarles la diferencia entre estos estilos comunicativos. Si vemos que con sus conductas no nos funciona, podemos empezar por enseñarlo a través de respuestas de otras personas, de sus series o dibujos animados preferidos, etc.
  • Facilitar un espacio de calma para que puedan plantear cómo hubiera sido una respuesta más asertiva en situaciones en las que no lo han conseguido.
  • Felicitarles y poner en valor las veces que se consiguen una comunicación asertiva.

La asertividad tiene mucha relación con la autoestima de la persona y su capacidad de gestión emocional, por lo que trabajar y reforzar la asertividad puede repercutir también en estos otros ámbitos.

Al principio puede parecer difícil defender y compartir nuestros derechos, opiniones y emociones respetando a la vez los derechos de los demás, pero trabajando las herramientas mencionadas y practicando se pueden conseguir muy buenos resultados.

Mar Retamero
Psicóloga General Sanitaria

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